Pocas
veces nos hemos parado a pensar la responsabilidad que tiene ponerse al
frente de un grupo para entrenar. No hace tantos años, ante la falta de entrenadores titulados y la
cantidad de equipos existentes, cualquiera se hacia cargo de un equipo. Único
requisito, estar en forma , con lo que alguna sesión semanal sin apenas
balón, sesión física, y tandas interminables de vueltas, eran más que
habituales. Hoy en día, afortunadamente, el panorama ha cambiado. Es
cierto, que aún quedan entrenadores de la vieja escuela, pero cada vez es más
habitual ver jóvenes entrenadores con
la mochila cargada de ilusión por enseñar, transmitir y aprender, el
entrenador no deja nunca de aprender. Pero tanto el arcaico entrenador,
como el actual, independientemente del estilo de enseñanza que utilicen, tienen
ante sí la responsabilidad de educar. Y aunque no lo pensemos, los
entrenadores, son una fuente educativa muy importante para el joven deportista.
Y probablemente no haya un
elemento más importante en el entrenamiento que la comunicación. ¿No es el deporte una disciplina que entre
sus objetivos está el fomentar valores como el respeto, el trabajo en equipo,
el esfuerzo? Somos seres pensantes que nos hemos desarrollado en diferentes
ambientes y que poseemos un nivel de información que varía con cada uno,muchos entrenadores siguen conductas de cómo fueron educados, sin
embargo la forma en que un entrenador se dirige a sus jugadores trae
consigo problemas de comunicación, los jugadores pueden respetar a los
entrenadores que los respetan, pero no escucharan a los que los humillan.
En las situaciones
deportivas la comunicación es de importancia vital, es el recurso más potente
que el entrenador tiene para influir sobre sus alumnos. Por eso es importante
que atienda el modo en que la lleva a cabo. Siempre es fundamental mejorar la
comunicación y entender que tienen
derecho a expresar las ideas y los sentimientos, es básico de un buen
entrenador aprender a escuchar y no interrumpirles,
separar los hechos de las opiniones, y entender que el mensaje no guarda
sentidos equívocos. Los valores se demuestran en actitudes,
ser un buen entrenador es también ser buena persona.
Son millones y millones los
jóvenes deportistas que entrenan y juegan cada semana a lo largo del planeta.
Unos con más talento, otros con menos, y muchos de ellos con la ilusión de
poder emular algún día a sus ídolos y llegar a la élite. El entrenador tiene la
difícil tarea de dar un nivel de exigencias tácticas y técnicas a sus jugadores
para no cortar la progresión de aquel que algún día pudiera llegar y a su vez enseñar
a los menos talentosos y hacerles progresar. Al final, lo importante es
la transmisión de valores y el amor al deporte. Lograr hacer personas
capaces de trabajar en grupo, que sepan apoyarse en los demás, personas que
sean capaces de valorar el sacrificio, y que vean lo divertido y sano que es el
deporte.
El entrenador debe ser un ejemplo. Y
para todo ello hay que romper con la ignorancia para enfrentarse a un orden , abrir
nuevos caminos con personas conscientes, preparadas y capacitadas.
Violeta
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