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martes, 16 de febrero de 2016

Entrenar cuerpo y mente

Hay un que refleja muy bien en qué consiste la fortaleza mental: los deportistas, y eso que algunos dicen que éstos entrenan más el cuerpo que el cerebro. No es así. Cualquier deportista de competición ha de entrenar su fuerza mental tanto como la . Es la fortaleza mental la que hace posible que el deportista no se hunda y siga luchando cuando tiene el en contra o está siendo superado por sus rivales.


La fortaleza mental es de los requisitos más importantes y necesarios en toda actividad deportiva. Sin esta, difícilmente podremos hablar de un deportista exitoso a pesar de una buena y preparación física y más bien lo haremos de un deportista promedio o de repente bueno, pero que no llegará más allá o destacará. Este es definitivamente uno de los fundamentales a trabajar en la preparación psicológica de deportista en general, pero sobre todo en los competitivos y aún más, los de élite y a su vez, es una de los más difíciles de lograr.

La habilidad mental le puede permitir a un deportista con menores aptitudes y capacidades físicas que su contrincante lograr el triunfo.



La confianza que se tenga en sí mismo es determinante en el desempeño del atleta, esta capacidad debe estar desarrollada de tal manera que no sólo se tenga confianza, sino que pueda mantenerla o recuperarla a pesar de lo mal que le esté yendo en la competencia o lo complicado de una situación adversa, debe siempre creer en sí mismo y en sus posibilidades sin importar que tan complicadas sean las circunstancias. No hay nada más para incrementar la confianza que los triunfos y para traerla abajo las derrotas, por eso, el deportista debe trazarse pequeñas metas para tener pequeños triunfos cada día.
En el desarrollo de esta habilidad el entrenador cobra gran importancia porque es la persona en la cual el deportista más confía y en quien más cree, por lo que él diga o deje de decir cobrará mucha relevancia. Hay que recordar que se dice mucho no sólo con las palabras sino con los gestos y actitudes y de esto tienen que ser conscientes los entrenadores para tenerlo en cuenta en el con sus deportistas.
CONSIDERA ESTOS PUNTOS COMO UNA MANERA DE DESARROLLAR LA FORTALEZA MENTAL:

Practicar la actitud mental positiva todo lo que se pueda.
Alimentar a diario la motivación.
Concentrarse en los pequeños pasos.
Tener paciencia, indiscutiblemente.
Evitar compararse con los competidores, si los hay. Tienes que concentrarte únicamente en tu propio desempeño.

Asumir los errores y sus consecuencias; aprender lo necesario de ellos y dejarlos ir. Mantener el enfoque al frente.



La consecuencia directa más deseable es el triunfo: la consecución del objetivo que se desea.
Sin embargo, cuando se trata de una competencia, no todos ganan. Hay incluso quien merece el triunfo por su esfuerzo y queda desbancado por otros. En ese caso, la fortaleza mental que has desarrollado impide que caigas. Nada ni nadie te derrumbará.

Violeta
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miércoles, 11 de marzo de 2015

Voleibol

El otro deporte que levanta pasiones en Brasil


¿Sabes cuál es la entrada más buscada por los brasileños para los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro en 2016?

Sería lógico pensar que se trata de la final de los 100 metros planos con Usain Bolt buscando su tercer oro olímpico o, en su defecto, la final del torneo de fútbol, título que ni Neymar ni todos los jugadores en la historia de la canarinha han podido conseguir.
Pero no son ninguno de estos eventos.
El deporte que más solicitudes de boletos ha tenido en Brasil, y por un margen considerable, es voleibol.

27% de esas solicitudes colocaron voleibol como primera opción, mientras que fútbol se mantiene en un distante segundo lugar con un 21,9%.
En tercer y cuarto puesto se encuentran la natación con un 21% de inscritos y el atletismo con un 20,6%que los los jugadores en la historia de la canarinha han podido conseguir.
Y eso que las entradas para los partidos de voleibol se encuentran entre las más caras de los juegos, junto a las de natación y atletismo.
Un boleto para la final cuesta entre US$120 y US$420, similar a la final de los 100 metros planos, el que tradicionalmente ha sido el evento estrella en la historia de los Juegos Olímpicos.

¿Por qué hay tanta afición?

El voleibol, en su versión más común, tiene todos los ingredientes que fascinan a los brasileños.
Mucha acción, emoción, drama, atractivas personalidades, súper atletas que se transforman en modelos, inversión y, sobre todo, títulos.
Desde que el equipo masculino venció a la Unión Soviética en 1982, la popularidad del deporte ha ido en un continúo ascenso.
Tras ese triunfo, Brasil disputó una especie de revancha contra el combinado soviético en un amistoso jugado en el estadio Maracaná, el templo del fútbol, que atrajo a 95.887 espectadores, el mayor aforo jamás conseguido en la historia del voleibol.
El crecimiento ha estado acompañado por buenos resultados, tanto en maculino como femenino, lo que ha hecho que la afición por el deporte trascienda su hábitat natural en el sur de Brasil y se extienda hacia las zonas más pobres del norte del país.
En femenino, Brasil conquistó el oro olímpico en los dos últimos Juegos Olímpicos, mientras que en masculino sumó ocho títulos en la Liga Mundial de voleibol entre 2000 y 2010.
Pero cuando las expectativas son tan altas, más fuerte puede ser la caída.
El equipo maculino dejó escapar una ventaja de dos sets para perder contra Rusia en Londres 2012 y ninguna de las dos selecciones pudieron subir a lo más alto del podio en los mundiales de Voleibol en 2014.
De no colgarse la medalla dorada en Río 2016 muchos aficionados lo verían como una catástrofe, semejante para algunos a la decepción vivida en el pasado mundial de fútbol.
"Hay mucha presión, pero es positiva", aseguró la capitana Fabiana Claudinho. "Queremos ganar en nuestra casa, y si los hombres también ganan, ¿te puedes imaginar la fiesta?", dijo pensativa a la BBC.


jueves, 12 de febrero de 2015

La sana competitividad

Es nuestra responsabilidad educar a nuestros hijos en una competitividad sana, donde seamos capaces de premiar el esfuerzo, el buen juego en el partido y no el resultado.

Competir es bueno, siempre que entienda que con quien compito es conmigo mismo. No me comparo con los demás. Me comparo conmigo, y fruto de esta comparación valoro mi progreso y mi crecimiento. En esta idea de competición no hay adversario, y no me preocupa el resultado, sino dar lo mejor de mí.

Llegamos a este mundo con unas características personales (biológicas, genéticas) y en unos contextos sociales (familiares, educativos, económicos, políticos) de los que no somos responsables, A pesar del enorme condicionante que esas circunstancias implican, es indudable que a lo largo de nuestra vida, con nuestro propio esfuerzo y con nuestras múltiples elecciones, conquistamos libre y responsablemente nuestra personalidad moral. En definitiva, nos vamos haciendo mejores o peores personas. Si bien es cierto que el sentido o intención de progreso, de mejora, de búsqueda de perfeccionamiento, no es patrimonio exclusivo de ninguna actividad humana específica, no lo es menos que el deporte. El deporte representa en sí mismo un paso adelante en este proceso civilizador porque en él no se valora a las personas por factores fortuitos o azarosos, sino que se reconoce el mérito aquí y ahora, es decir en el momento de la competición.


El deporte,  juego competitivo, configura, con sus victorias y derrotas, una especie de representación micro cósmica de la sociedad. Pero con una gran diferencia, en el deporte estas consecuencias no son trágicas como en otras esferas de la vida. De ahí que para niños y niñas las experiencias deportivas conlleven, gracias a las sanas jerarquías y enriquecedoras diferencias que se fomentan con su práctica, un alto valor educativo y un verdadero aprendizaje para la vida.





 Los niños pueden adquirir: en la victoria, seguridad en sí mismos, autoafirmación, modestia y generosidad con los derrotados; y en la derrota, un sano hábito de aceptar frustraciones y búsqueda de nuevos recursos personales para la superación. El deporte además puede favorecer la amistad, el compañerismo, la sociabilidad, el trabajo en equipo, y también puede ayudar a aceptar las reglas, a obedecer a la autoridad (árbitro, juez), y a comprender el sentido de la justicia.

En la búsqueda de la excelencia deportiva es indudable que la competición juega un papel primordial  como medio idóneo para lograr el máximo valor ético del deporte, alcanzar la propia excelencia. Compitiendo, midiéndome con los mejores adversarios, es cuando me veo obligado a esforzarme al máximo para sacar lo mejor de mi mismo. Ese es el verdadero valor ético de la competición deportiva, “jugar cada partido mejor que el anterior. Jugar bien, ese es el triunfo verdadero”.

La sana competitividad es la que nos lleva a esforzarnos, a dar lo mejor de nosotros mismos, a progresar, a buscar nuevas estrategias para superarnos, a descubrir y aprender de nuestros errores y a buscar nuevas soluciones para mejorar. Sin ella no progresaríamos.



 Violeta

 twitter.campos_violeta