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jueves, 21 de abril de 2016

El Acoso Sexual en el Deporte

Un problema tabú que rara vez se denuncia: acoso y abuso sexual en el deporte.

 

En el año 1999, una de las pocas deportistas de fama mundial que se atrevió a hablar abiertamente del acoso, aunque décadas después de padecerlo, fue la gimnasta rusa Olga Korbut, ganadora de seis medallas olímpicas entre 1972 y 1976. Korbut reveló que había sido una "esclava sexual" de su entrenador, Renald Knysh, quien convertía a sus pupilas, además de en excelentes gimnastas, en "doncellas para su servicio personal". Con sólo 15 años, la que sería la ''reina'' de los Juegos de Múnich padecía ya los abusos y los golpes de Knysh, a quien temía pero de quien dependía "terriblemente", explicó.






Se dice que los miembros del entorno del atleta que están en una posición de poder y autoridad son los principales autores de acoso y abuso y es de manera más frecuente en torno a las grandes competiciones a las que todos quieren llegar, por lo que es más fácil cobrar favores de tipo sexual.


Importante es decir que ningún deporte es inmune a estos problemas, ocurren en todos los niveles de competición, sin embargo, la prevalencia parece ser mayor en el deporte de elite. Según una declaración del COI en el año 2000, que prendió focos rojos, y una investigación respaldada por el organismo (con encuestados anónimos) señala que los vestuarios, los viajes, el coche o la casa del entrenador y los actos sociales en los que se consume alcohol son lugares o situaciones de riesgo. En cambio, el tipo de deporte o el que se practique con más o menos ropa no tienen incidencia alguna, señalo la Comisión Médica del COI en ese entonces.


Ese mismo año, tras los Juegos Olímpicos de Sydney, el COI y los organizadores elaboraron un informe sobre los imprevistos a los que habían tenido que hacer frente durante la cita y el acoso sexual estaba entre ellos. Para el año 2005 el deporte mexicano fue sacudido por el escándalo protagonizado por la clavadista Laura Sánchez -bronce en los Mundiales de Barcelona 2003-, su entrenador, Francisco Rueda, que se había hecho cargo de la educación de Laura desde que ésta tenía 8 años, fue expulsado de la Federación Mexicana de Natación por "falta de ética”.


Precisamente en México, la asociación Deporte, Mujer y Salud hizo después un estudio entre 150 atletas, que presentó ante el COI, según el cual el 71% de los consultados había sido víctima de acoso sexual o conocía a quien lo había sido. En el 67% de los casos el agresor era el entrenador y el 92% de las situaciones de abuso se habían producido dentro de una instalación deportiva


También a finales de los noventa el presidente de la Comisión de Arbitraje de fútbol de Perú, Gustavo Zevallos, acosó con continuas proposiciones a la colegiada Carmen Panta, la animó a dejar a su marido y medió para que éste, también árbitro, fuera descendido de categoría. Abrumada, Panta dejó finalmente el arbitraje. Uno de los pocos que acabó en la cárcel fue el puertorriqueño Luis Rosa, ''cazatalentos'' de las Grandes Ligas de béisbol, que en 1997 fue acusado por nada menos que quince peloteros dominicanos de acoso sexual y fraude.


Prácticamente todas las disciplinas, se han visto salpicadas en los últimos años por casos de abuso. Deportistas, entrenadores, árbitros, directivos, representantes han aparecido de un modo u otro implicados. Es en el adulto en quien debe recaer la responsabilidad y deber de trazar la raya en la delgada frontera que separa el acoso y el contacto corporal que es parte esencial de toda actividad físico-deportiva. No podemos esperar que una criatura o persona joven disponga de la fuerza moral y el valor para explicitar directa y claramente a su entrenador, entrenadora o colega de equipo que su conducta le resulta molesta o insultante. Es importante que las personas adultas involucradas en el mundo del deporte sean sensibles y estén alerta de los problemas potenciales para intervenir preventivamente de forma precoz.


 La cultura de la comunicación sincera no culpabilizadora siempre es la mejor prevención.

 

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 https://atletasdemexico.com/2016/04/21/el-acoso-sexual-en-el-deporte/

martes, 21 de julio de 2015

El Deporte debe ser honor y educación.

“Nadie puede llegar a ser grande si no asume su pequeñez”.

 

 

Bíblicamente, la soberbia fue el primer pecado que cometió el hombre. Ser soberbio literalmente significa creer que se es superior, sin embargo  jerárquicamente siempre habrá personas mejor dotadas y otras que cuenten con menos atributos tanto física como mentalmente y  otras con habilidades que equilibren y den igualdad en todos los campos de la vida, es decir, “no todos servimos para todo pero sí servimos para algo”, en el plano de la inteligencia en las virtudes deportivas y específicas de cualquier deporte, entender que si en algún momento somos mejores, llegará alguien que nos supere.
Desafortunadamente en todos los niveles del deporte se piensa que adquirir la filosofía del gran estratega del fútbol  americano Vince Lombardi “la victoria no es lo mejor, es lo único” es hacer cualquier cosa por ganar. Cierto, pero debe conseguirse honestamente sin violar los reglamentos de competencia.

Las palabras sabias caben perfectamente en la filosofía del deporte donde habitan virtudes  como  la honestidad y el respeto.



Cuando se portan los colores de un equipo y más cuando son  de  una institución y sobre todo en  el  rango  superior  el respeto es el primer valor que se pone en juego. Pero existen malos ejemplos también incluso en centros educativos o instituciones públicas  donde se recurre al “cachirulismo” con el afán de “hacer buen papel”.

Reforzarse con jugadores de muy buen nivel es algo extraordinario para los aficionados porque el nivel deportivo aumenta. Pero cuando se participa aunque sea en torneos internos, deben participar sólo miembros de la o las instituciones. El tiempo de los cachirules ya pasó; un claro ejemplo: nos quedamos fuera del mundial de fútbol Italia 90 por eso, ese fue el castigo por hacer trampa.

En el deporte amateur se nota claramente, cómo se valen de todo para sacar ventaja. Otros partícipes de estas trampas son los silbantes ,no son honestos, nada confiables y eso que son los que imparten justicia. Los equipos se compran resultados,  violan los reglamentos de manera burda.
Siendo honestos la derrota es parte del juego y muy buena para el aprendizaje porque ahí se ve la pequeñez que sostiene la grandeza del deportista. Lo correcto y lo normal es que si no se logra el objetivo,  no hacer drama sino que se analice el trabajo.

Pero no es así con trampa como se defienden los colores de un equipo o una selección o institución, sino con casta, enjundia y gallardía y en lugar de la soberbia el respeto; eso es lo que hacen los grandes equipos y los grandes deportistas.

Violeta

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lunes, 29 de junio de 2015

-La homosexualidad y el deporte

Durante siglos, el deporte se ha considerado como una de las expresiones más masculinas en la historia de los seres humanos, todos recordarán las frases trilladas de mediados del siglo XX “que juegue fútbol para que se haga hombre” ”el boxeo lo va a corregir” “una mujer no puede jugar al fútbol, eso es de hombres” “las mujeres deportistas son lesbianas, que haga ballet”.

 


La homosexualidad también existe en el deporte y son  pocos los atletas que la aceptan públicamente , sin embargo, los que lo han hecho han mostrado que su habilidad y capacidad no dependen de una preferencia sexual. Y es que, aunque todas las orientaciones sexuales son respetables, todavía hay ámbitos en donde la no discriminación está lejos de conseguirse. Uno de ellos es el deporte de élite. Hasta ahora se han dado pocos casos de deportistas gays que hayan salido del armario, bien por miedo a ser marginados o por temor a perder patrocinio.

Otra reflexión parte desde la visión del estigma social: jugadores de futbol, rugby, tenis , baloncesto y demás son admirados por millones de personas en el mundo, niños o adultos, vistos como héroes, genios y figuras a imitar, quizás esa responsabilidad social genera la represión de los mismos deportistas para con su sexualidad. La misma sociedad inculcó en muchos atletas y deportistas la necesidad de no expresar o reprimir su sexualidad, ya que derrumbarían la imagen de “ídolo” que tanto admiran. Estas visiones son arcaicas y retrogradas, pero totalmente realistas.



La década de 1980 fue un período de transición para los atletas homosexuales. No obstante fue una época que se habló y se discutió sobre la homosexualidad en los deportes.Durante la mayor parte de la década, ningún atleta activo declaro su homosexualidad. Pero en1984 se formó un escándalo cuando los periodistas que cubrían los Juegos Olímpicos de los Angeles dieron informes de que dos ganadores de medallas de oro estaban a punto de declarar que eran gay. Pero nadie dio un paso adelante. La homofobia imperante era absoluta y aquellos atletas desistieron de declarar sobre su sexualidad… las miradas estaba puesta sobre el clavadista norteamericano Greg Louganis y el nadador Bruce Hayes también campeón olímpico.

De manera paralela, sin embargo, la década vio el surgimiento de una vibrante escena gay y lesbiana de recreación deportiva. La vitalidad del deporte en las comunidades de gays y lesbianas se demostró por el debut de San Francisco en 1982, de los Gay Games, un evento cuadrienal concebida por el Dr. Tom Waddell.En 1990, Gay Games en Vancouver III incluyó 9.500 atletas inscritos, un aumento de siete veces desde 1982.



 La década de 1990 vio un aumento de la tolerancia de la vida gay en el mundo occidental.  El mundo del deporte ,mientras que han quedado atrás en su reconocimiento de los homosexuales en su seno, especialmente los hombres, no es inmune a estos cambios.En el 2000 Juegos Olímpicos de Verano, había seis atletas abiertamente homosexuales, pero sólo uno de ellos, David Pichler, era un hombre. Todavía quedaba en aquel tiempo demasiado estigma asociado a la homosexualidad en el vestuario masculino y mucho temor de que la revelación de la sexualidad homoerótica le costara a  los atletas su sueldo, su posición y la aprobación y apoyo de los aficionados.



En estas tempranas décadas del siglo XXI se ha visto crecer la población LGBT en el mundo del deporte y las Olimpiadas son un ejemplo de ello. Los Juegos Olímpicos de Londres de 2012 permitieron una nueva gran oportunidad para que la homosexualidad se haga cada vez más visible, aunque el tabú está lejos de caer y los progresos son lentos o directamente inexistentes, sobre todo en países que la persiguen duramente. En otros hay avances tímidos e incluso estos Juegos comenzaron con la inclusión de una imagen fugaz de un beso de dos mujeres durante el espectáculo dirigido por Danny Boyle en la ceremonia inaugural, pero en el día a día del deporte las referencias también son, a menudo, meramente testimoniales.

Si en los Juegos de Atenas del 2004 se contaron once atletas abiertamente homosexuales y en Pekín del 2008 una decena, esta vez la cifra se elevó a veintiuno, según el recuento que ha realizado la página estadounidense web OutSports, especializada en información deportiva sobre gays y lesbianas.Aunque este siglo se ve lleno de esperanza para los deportistas gays, aún existe una estigmatización y muchos deportistas temen declarar su verdadera sexualidad a sus compañeros, jefes y al público aficionado.
Debemos trabajar por la aceptación de los homosexuales no sólo en los deportes sino también como individuos comunes de la sociedad, que cumplen con sus deberes sociales, fiscales, económicos, entre otros .

El mundo del deporte se mueve al mismo son que la sociedad ,la sociedad vive en constante evolución para el bien de sus ciudadanos, el deporte es un reflejo de la sociedad y por lo tanto el deporte tiene que evolucionar.

Cada persona es libre de pregonar o no su vida privada, poco y nada debe importar la orientación sexual de cada persona, ahora cuando la sexualidad afecte el rendimiento o el desempeño de cualquier persona en cualquier trabajo o ámbito, ahí es cuando la vida sexual debe cobrar relevancia, pero repito, la vida sexual no la orientación.


Violeta

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